Aquí no hay más que demonios

Kérenski está sólo y se encuentra en un callejón sin salida. Incapaz de encontrar adeptos a su causa, a la sazón perdida, llora amargamente. Está en Pskov y tiene un puñado de hombres, inhábiles para cambiar de signo Petrogrado.

Kérenski arenga a las pocas tropas que se han unido a su causa, en Pskov. Iosif está al fondo, sombrero en mano, aunque a penas puede vérsele entre sus compañeros.

Hay un nuevo tiroteo, ¡viva la revolución!, se oye como grito de guerra. Los insurrectos —esos bolcheviques—, los acorralan y tiene que huir de nuevo. Alguien debe de haber abierto las puertas del infierno, dice un escolta, Aquí no hay más que demonios. Y Iósif, de repente, y como caída del cielo, tiene una idea.

Jamás podré volver a amar a Irene El baile en el campo de batalla